hominidos.Com: Motivos de la Evolución Humana. La evolución del lenguaje. Marcha bípeda, el parto y la evolución del cerebro.
 
 
   

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Algunas Características de la Evolución Humana.

Magnussen Saffer, Mariano (2012). Algunas características de la Evolución Humana. Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 10. 80: 07-09.  

Existen diferentes hipótesis sobre el por qué los australopitecinos se separaron de los simios iniciando así el curso de la evolución humana. Prácticamente todas las hipótesis sugieren que el cambio medioambiental fue un factor importante, especialmente al favorecer la evolución de la bipedación. Entre las hipótesis más coherentes se encuentran (1) la de las sabanas, (2) la del mosaico de bosques y (3) la de la variabilidad.

Cerca del final del Mioceno, hace entre 8 y 5 millones de años, el clima de la Tierra sufrió un intenso enfriamiento y se hizo más seco. Según la hipótesis de las sabanas, al comenzar este cambio climático se fueron reduciendo las áreas de bosques africanos y a medida que los bosques fueron disminuyendo, una población de simios de África oriental se fue quedando aislada de las demás poblaciones de simios que vivían en las áreas de mayor densidad de bosques del oeste de África. La población de África oriental tuvo que adaptarse a un entorno más seco, con mayores áreas de sabanas.
   

El aumento de los terrenos secos favoreció la evolución de la vida sobre el suelo e hizo que cada vez fuera más difícil sobrevivir en los árboles. Los simios terrestres pudieron haber formado grandes grupos sociales para favorecer su capacidad de encontrar y recolectar alimentos y defenderse de los predadores —actividades que también pueden haber requerido el desarrollo de una buena comunicación. Las dificultades de la vida en la sabana pudieron asimismo haber fomentado el inicio del uso de utensilios para fines tales como la extracción de carne de las presas.

Estos importantes cambios evolutivos tuvieron que depender de un aumento de la capacidad mental y, por lo tanto, pueden haber estado relacionados con el desarrollo de un cerebro más grande.

Las críticas a la hipótesis de las sabanas son variadas pero se basan principalmente en dos razones: primero, el descubrimiento en 1994 de fósiles de australopitecinos en Chad, África central, por un equipo científico sugiere que los entornos de África oriental tal vez no estuvieran totalmente aislados de los que se encontraban más al oeste; segundo, investigaciones recientes sugieren que las sabanas abiertas no aparecieron de forma significativa en África hasta casi 2 millones de años después. Las críticas a la teoría de las sabanas han hecho surgir un gran número de hipótesis alternativas sobre los orígenes de la evolución humana.

La hipótesis del mosaico de bosques sostiene que los primeros australopitecinos evolucionaron en áreas boscosas que formaban parte de un mosaico de bosques y sabanas que les permitían alimentarse tanto en el suelo como en los árboles, y que la alimentación en el suelo favoreció la bipedación.

La hipótesis de la variabilidad sugiere que, debido a los numerosos cambios en su entorno, los primeros australopitecinos acabaron por vivir en diferentes hábitats, incluidos selvas, bosques abiertos y sabanas. Como consecuencia, sus poblaciones tuvieron que adaptarse a entornos diferentes. Los científicos han demostrado que esta serie de hábitats existían en el momento en que comenzó la evolución de los primeros australopitecinos. De esta forma, el desarrollo de nuevas características anatómicas —en particular la bipedación— combinadas con la capacidad de trepar a los árboles pueden haber conferido a los homínidos la versatilidad necesaria para vivir en hábitats diferentes.
   

Los científicos sostienen asimismo diferentes hipótesis sobre cómo la bipedación puede haber influido en la evolución del ser humano. La bipedación habitual permitía tener libres las manos, lo que facilitaba el transporte de alimentos y utensilios; mirar por encima de los arbustos para controlar a los predadores; reducir la exposición del cuerpo al calor del sol y aumentar su exposición a los vientos refrescantes; mejorar la habilidad para cazar o utilizar armas, más fácil con una postura erguida; y facilitar una dieta alimenticia basada en matorrales y ramas bajas. Los científicos no apoyan de forma unánime ninguna de estas hipótesis. Sin embargo, estudios recientes en chimpancés sugieren que el poder alimentarse más fácilmente puede revestir especial importancia.

Los chimpancés se desplazan erguidos sobre los miembros inferiores casi siempre que se alimentan de hojas y frutos de arbustos y ramas bajas, aunque no pueden caminar de esta forma largas distancias.

La bipedación habría permitido a los homínidos recorrer con facilidad largas distancias, proporcionándoles una gran ventaja sobre los simios cuadrúpedos durante sus desplazamientos a través de los terrenos abiertos yermos situados entre arboledas. Además, seguían teniendo la ventaja de sus antepasados simios de poder trepar a los árboles para huir de los predadores. Las ventajas de la bipedación y de la capacidad de saltar a los árboles pueden explicar la especial anatomía de los australopitecinos. Los brazos largos y fuertes y los dedos curvados probablemente les permitieron trepar con facilidad, mientras que la pelvis y la estructura de la parte inferior del tronco sufrió transformaciones para poder caminar erguidos.

 


La evolución del lenguaje.

 

Por Ignacio Martínez Mendizábal. Boletín Informativo 323. Fundación Juan March.

El lenguaje es, ante todo, una función del cerebro, una propiedad de la mente. En el siglo XX se tuvo la impresión de que el lenguaje habitaba –si se me permite la expresión– en dos regiones básicamente del cerebro humano: el área de Broca y el área de Wernicke. Ésta última es la encargada de convertir las ideas en palabras y se comunica con el área de Broca, que planifica toda la secuencia de movimientos de los músculos que hay que generar para decir algo tan sencillo como «árbol». Las dos áreas producen abultamientos en la topografía, en la superficie de la corteza cerebral; y esto es una característica casi exclusiva de los humanos. Dada esta peculiaridad topográfica, bastaba con estudiar los moldes endocraneales de los especímenes fósiles. Cuando los homínidos mueren sus cerebros, por supuesto, se descomponen, pero la morfología de su corteza, de su superficie externa, está impresa en las paredes internas del cerebro, y como los cerebros muchas veces se conservan es posible obtener un molde de la superficie cerebral de los homínidos del pasado. Así pudieron estudiarse ambas áreas, sobre todo la de Broca, que es la que más huellas ha dejado. Se vio así que restos con casi dos millones de antigüedad ya tenían un área de Broca incipientemente desarrollada, y era mucho más notable este desarrollo en humanos de cerca de 1.800.000 años: su área de Broca era como la nuestra. Pero la neurobiología ha descubierto que el área de Broca no está comprometida exclusivamente con la función del lenguaje: hay otras zonas de la corteza cerebral que están implicadas cuando hablamos o escribimos.
   

Pero lo terrible para los paleontólogos fue cuando se descubrió que el área de Broca participa también de otras funciones: de los movimientos de precisión de la mano derecha. Así que en el caso de aquellos fósiles ya no sabemos si hablaban o más bien utilizaban con gran destreza las manos. Si no podemos acceder al lenguaje de manera directa, estudiando la superficie cerebral, ¿qué otra vía de acceso han encontrado los paleontólogos para acceder a este problema? Pues la otra vía de acceso es estudiar el órgano a través del cual el cerebro se manifiesta, y este órgano, conocido como aparato fonador o vías aéreas superiores, consta básicamente de las cuerdas vocales que están en la laringe, que es una fuente de emisión sonora. Estas vías aéreas en nuestra especie no están sólo comprometidas en la emisión de sonidos, sino que tienen que desempeñar otras funciones que son capitales para la supervivencia: el alimento y la bebida pasa por estas vías aéreas y también el aire camino de los pulmones. En su anatomía las vías aéreas de un humano adulto son muy diferentes en un par de cuestiones capitales de las de un chimpancé, y la morfología de éste es la anatomía básica de un mamífero: los «raros», pues, somos los humanos adultos, y lo somos porque la cara es muy corta, está por debajo del cráneo, y nuestra laringe está situada muy abajo en el cuello respecto de la posición de un chimpancé. Y el hecho de que la laringe sea muy baja determina que la faringe sea muy larga y, por tanto, la probabilidad de que el alimento, en vez de bajar al esófago, «se equivoque» e ingrese en la tráquea es mucho mayor, y se produzca el «atragantamiento», que en los humanos es un problema grave.

Podemos preguntarnos, pues, cómo es posible que la selección natural nos haya hecho esta faena. Darwin ya se ocupó de este enigma y encontró una respuesta: hay órganos que han perdido eficacia en el desempeño de una función pero han adquirido una función nueva que es más importante para la supervivencia del individuo. ¿Y qué función es la que desempeñan las vías aéreas de un humano que no pueda hacer un chimpancé y qué ha podido primar en términos de selección natural para cumplir sus otras funciones?

Podemos observar los movimientos de la lengua cuando producimos tres vocales: la «i», la «a» y la «u». Si comparamos el aparato fonador de un chimpancé con el de un humano nos encontramos con el segmento horizontal acortado y el vertical alargado y ambos son de la misma longitud. El triángulo vocálico es crucial para entender nuestra comunicación. Cuando hablamos y producimos las vocales que son la base del lenguaje, lo que es importante para comunicarnos es que los sonidos vocálicos sean claramente distinguibles y los tres sonidos que mejor se distinguen porque sus propiedades acústicas son las más diferentes son estas tres vocales. Estos tres sonidos no los puede emitir un chimpancé. Para conseguir esto se ha modificado nuestro aparato fonador. Como este instrumento tan especial que tenemos se puede argumentar que ha sido tallado por la selección natural, por su uso del lenguaje, hay que admitir –si esto es cierto– que pilotando ese proceso estaban las facultades mentales. Tuvo que haber una mente con capacidades lingüísticas que era la que dio rentabilidad a las variaciones anatómicas que permitían usar esta capacidad. Y todo esto, desde esta perspectiva, es lo que nos permite rastrear en la anatomía de los fósiles aquellos indicadores que nos permitan saber si la laringe estaba alta o baja y, por tanto, si hablaban o no; no si fueron los primeros, pero sí, al menos, que esos fósiles hablaban.

Fuente: Boletín Informativo 323. Fundación Juan March. El profesor titular del departamento de Geología de la Universidad de Alcalá de Henares, Ignacio Martínez Mendizábal forma parte del equipo de investigación multidisciplinar de las excavaciones y estudio de los Yacimientos Pleistocenos de Atapuerca (Burgos), que obtuvo el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1997. En el artículo que reproducimos a continuación, publicado por la Fundación Juan March, analiza la evolución de lenguaje partiendo de la base de la residencia del mismo en dos áreas del cerebro.

 


Marcha bípeda, el parto y la evolución del cerebro.

 

Por Juan Luis Arsuaga. Boletín Informativo nº 322. Fundación Juan March.

Confieso que hice mi tesis doctoral sobre la pelvis en la evolución humana, especialmente en relación con la locomoción y con el parto, porque se trata de una cuestión apasionante, puesto que de todas nuestras características como especie nuestro tipo de parto es uno de los más originales o distintivos. Tenemos un tipo de parto muy extraño y complejo, con una dinámica muy rara: porque parimos con dolor, como dice la Biblia. Una explicación es que se trate de una condena divina, pero los científicos buscamos otras explicaciones y éstas están en nuestra historia evolutiva. Buscamos una razón en los antecedentes fósiles de nuestra especie. Y cuando se analiza con esta perspectiva histórica los cambios que han tenido lugar en nuestra anatomía y que han producido este parto tan complicado, y tan apasionante por otro lado en su estudio, pues realmente se disfruta mucho.

La razón de que el parto sea doloroso es, por supuesto, la evolución y la postura bípeda: ésta es la responsable de que el parto sea tan complejo. En la evolución del parto hay dos etapas: uno que tiene que ver con la adquisición de la postura bípeda y otro que es mucho más reciente y que tiene que ver con el grado de dificultad del parto, el que el parto sea tan ajustado.
   
Realmente podemos establecer tres etapas en la evolución del parto: una primera de parto muy fácil, a comienzo de la evolución de los homínidos; una segunda etapa de parto biomecánicamente complejo pero no particularmente difícil, no muy ajustado; y una tercera etapa que es la nuestra de parto laborioso, con una dinámica compleja y al mismo tiempo un parto estrecho, difícil, en el que los diámetros del feto a término están muy cercanos a los diámetros del canal del parto.

Los austrolopitecus son nuestros antepasados bípedos. Su aspecto, más allá de la postura bípeda, es el de un primate, no muy diferente de un chimpancé (de hecho se les ha calificado con frecuencia de forma impropia pero muy gráfica como «chimpancés bípedos», porque se parecen mucho, en estatura incluso, a lo que sería un chimpancé puesto de pie, aunque obviamente no eran chimpancés ni el hombre desciende del chimpancé: es una manera de expresar lo que hemos sido desde el punto de vista ecológico). Estos homínidos bípedos tienen más de tres millones de años (entre tres y cuatro). Hay postura bípeda con seguridad hace algo más de cuatro millones de años y podemos ver que su aspecto (sobre todo en la estructura de su cráneo, en el desarrollo de su cerebro, etc.) no es muy diferente de los chimpancés vivientes. Los chimpancés actuales los podemos considerar como unos equivalentes ecológicos de los primeros homínidos, que eran forestales. Ha cambiado muchísimo nuestra visión del hábitat de los Astrolopitecus. Tradicionalmente se les representaba en ambientes más abiertos, en las sabanas o praderas. Ahora nos los imaginamos como unos vegetarianos que vivían en un medio forestal, en una selva húmeda. En esa época los homínidos conservaban la capacidad de subirse a los árboles -ahí estaba la mayor parte de su alimento: los frutos-, cosa que, por cierto, el hombre no ha perdido: seguimos teniendo de cintura para arriba la estructura de un arborícola. Aquellos homínidos adoptaron como solución para desplazarse de unos frutales a otros la postura bípeda, pero la mayor parte del tiempo lo pasaban en las copas de los árboles.


¿Cómo afecta eso al parto? Podemos comparar en diferentes especies de primates los diámetros del canal del parto –es un conducto de paredes óseas que tiene que atravesar el feto a término para nacer–. Se observa que el parto es muy ajustado en contra de lo que se suele pensar en la mayor parte de los primates: en un papión, en un macaco, por citar unos ejemplos, el parto es difícil, en el sentido de que los diámetros de la cabeza del feto a término y los diámetros del canal del parto son siempre bastante parecidos. Los macacos tienen serias dificultades y unos porcentajes de mortalidad muy elevados en el momento del parto. Son casos de partos traumáticos que, como se ve, no es una especialidad humana. Curiosamente, en los primates que están más cercanos a nosotros, como son el «orangután pongo», el «chimpancé pan» y el «gorila» el parto es sumamente sencillo y, sin duda, se daba también en nuestros antepasados todavía no bípedos. Nosotros en esto nos parecemos al macaco y a otros primates que están muy alejados del hombre y, sin embargo, los parientes más cercanos y los primeros homínidos tienen un parto muy holgado. En el parto en una hembra chimpancé y en una mujer las diferencias fundamentales se refieren a varios aspectos. En los chimpancés la trayectoria durante el parto es lineal, el feto a término describe en su «viaje» una trayectoria absolutamente recta y el parto es dorsal. En los humanos, el parto es ventral, eso quiere decir que se forma un ángulo recto entre la cavidad abdominal y la vagina y, por lo tanto, la trayectoria en el parto y el canal del parto está acodada, como resultado de la postura bípeda. Al ser bípedos los homínidos modificaron la orientación de la vagina y su abertura pasó de ser dorsal –como en el resto de los mamíferos– a hacerse ventral. Esto supone una primera dificultad inicial, que tiene que ver con la forma acodada de nuestro canal del parto; otra dificultad tiene que ver con la propia longitud del canal del parto, que es muy corto en los cuadrúpedos y es muy largo en nuestra especie. Podemos examinar, por otro lado, la forma de las paredes que es, por decirlo así, un tubo largo retorcido, y a eso se tiene que enfrentar el feto a término en el «viaje». Todos los obstáculos que tiene que sortear la cabeza del feto a término tienen que sortearlos después los hombros, que están situados en ángulo recto, con lo cual se tiene que rotar noventa grados el cuerpo para que por donde ha pasado la cabeza pasen luego los hombros.
   
La postura bípeda se alcanza hace algo más de cuatro millones de años en la evolución humana, pero tenemos muchos datos acerca de cómo es la pelvis hace algo más de tres millones de años, de forma que podemos enfrentarnos a la historia del parto en la evolución humana, a partir de un esqueleto muy famoso de un austrolopitecus femenino, que tiene un mote, Lucy, y con el que se ha estado trabajando durante muchos años para entender esta problemática obstétrica en la evolución humana en los primeros homínidos.

En relación con la postura bípeda se produce un cambio importante en la morfología de la pelvis, y esto se ve comparando la pelvis de un chimpancé –una pelvis muy grande– con la de Lucy –una pelvis bastante más pequeña–. La postura bípeda ha traído, pues, una serie de consecuencias que se van a reflejar en el canal del parto. Podemos suponer que el feto a término de un austrolopitecus era en todos los aspectos relevantes de la morfología como el de un chimpancé, pues todavía no se ha producido la expansión del cerebro: Lucy no tenía un cerebro más grande que el de un chimpancé hembra adulto. Esto nos permite simular un parto con la pelvis de Lucy utilizando un feto a término de chimpancé; tenemos, pues, la oportunidad de suponer cómo era un parto de un homínido de hace tres millones de años. En mi opinión, no obstante, en los primeros homínidos nos encontramos ante un parto de características modernas, porque se puede determinar si el parto es dorsal o es ventral. ¿Cómo? Pues estableciendo la posición de la vulva, dónde está la salida de la vagina. ¿Cómo se puede saber esto? Pues estudiando la forma del hueso púbico. Si existe un triángulo subpúbico en una especie fósil –los chimpancés no lo tienen– eso quiere decir, en mi opinión, que la vagina se abre ventralmente, que por lo tanto el parto es ventral, de características modernas, en cuanto a su dinámica. Con una salvedad, y para eso me iré a Atapuerca. En un yacimiento de Atapuerca, que se conoce como la Sima de los Huesos, hemos encontrado pelvis masculinas y femeninas. Tenemos una pelvis masculina, que está más completa y que se ha hecho famosa, y a la que le llamamos Elvis y que es de hecho la pelvis más completa del registro fósil de la evolución humana. Existen tres pelvis en el registro: una la de Lucy, que es media pelvis y está deformada; otra es la pelvis de un yacimiento israelí, que tiene 60.000 años y que estudiamos en relación con Elvis, y la tercera pelvis y la más completa de todas es ésta de Elvis. Mi sueño es encontrar una pelvis femenina en Atapuerca, para la que ya tenemos un nombre, más castizo: Lola. Hemos encontrado muchos fragmentos de Lola, pero no una pelvis completa, pues es un hueso muy frágil. Pero tenemos suficiente material como para reconstruir una pelvis femenina.

¿Qué nos dice Elvis? Sabemos muchas cosas, tiene unos 350.000-400.000 años según las últimas dataciones de estos fósiles de la Sima de los Huesos. Elvis mide entre 1,75 y 1,80 de altura, lo que le hace ser un individuo normal. El cilindro corporal de esos homínidos de hace 400.000 años de Atapuerca era mucho más ancho que el nuestro, de morfología moderna pero mucho más ancho. Con esas medidas hemos podido simular informáticamente un parto en la hipotética pelvis de Lola. Nosotros imaginamos el parto en la Sima de los Huesos con características modernas. El feto a término va a nacer por debajo del pubis y tiene la orientación que le corresponde a un feto a término moderno. Por eso pensamos que los partos en estas poblaciones de hace 400.000 años era de características modernas en cuanto a rotación y a trayectoria. ¿En qué es, pues, distinto? Sólo en una cosa: es distinto en cuanto a su dificultad. Con la aparición de nuestra especie, el homo sapiens, se ha producido el último de los cambios importantes de la cadera, que es el estrechamiento del cilindro corporal, que hace que sea un parto muy ajustado. De tal modo, que cuando aparece la especie de homo sapiens, hace entre cien y doscientos mil años, se produce una dificultad añadida al parto, que es el grado de ajuste entre los diámetros pélvicos y los diámetros cefálicos del feto a término, y eso es lo que da lugar a esa maldición bíblica de que el parto sea tan doloroso.
 

El origen de la mente humana, de la mente consciente y racional, constituye un problema para el que seguimos sin tener una explicación definitiva y consensuada. La cuestión de cuándo apareció nuestra mente es casi la última que nos queda por resolver. El origen del debate en torno a ella se remonta al libro fundacional de la biología moderna que es El origen de las especies (1859) de Darwin. En él Darwin no planteó tema del origen del hombre, aunque ya hablaba de la existencia de pasos graduales en el desarrollo evolutivo humano. La teoría de la selección natural como mecanismo que ha producido nuestras características como hombres, que constituye la gran aportación de Darwin, también fue suscrita por Russell Wallace. Pero éste rechazó que la selección natural hubiese intervenido en la producción de la mente humana.

A partir de entonces siguió el debate dentro del campo del evolucionismo y se siguen manteniendo ambas posturas, la darwiniana y la wallaciana. Dejando al margen cualquier intento de explicación sobrenatural para explicar el origen de la mente humana, que sería impensable en el terreno de la ciencia, y digamos que dentro del evolucionismo nadie discute que las capacidades cognitivas y racionales del hombre tienen un origen natural y evolutivo.

Hay científicos que consideran que la aparición de la mente humana tiene un origen natural pero diferente del resto de características que sí se deben a la selección natural. La teoría wallaciana defiende que nuestra mente no ha aparecido en la evolución de una forma gradual, sino de manera súbita e imprevista en cierto modo. Este mecanismo, que sólo se ha producido en nuestra especie, es precisamente lo que nos singulariza. La escuela darwinista, en cambio, sostiene que la mente humana es un escalón más en la evolución. Ello permite dividir a los homínidos en dos categorías: los homínidos racionales o conscientes, los humanos, y los homínidos que no son humanos, que no tienen vivencias conscientes, los animales de nuestro grupo, una especie de superchimpancés.

Yo me sitúo en el lado de Darwin y sostengo que nuestras facultades mentales se han desarrollado a través de diversas especies. No somos la única especia humana que ha habido.

Estudiar las especies fósiles es el único método que tenemos para ver si han tenido una mente consciente o no. Un factor a tener en cuenta es, por ejemplo, el tamaño del cerebro. A mayor tamaño, mayor complejidad mental. Se han encontrado en Francia unos frisos de leones dibujados de hace 35.000 años, que constituyen una explosión de creatividad. Las características morfológicas de la especie humana moderna existen desde hace 100.000 años; sin embargo, esa explosión de creatividad se dio hace 35.000. Algunos autores piensan que se ha producido algo como una nueva mutación neuronal que afectó a los tejidos blandos del cerebro.

Nos encontramos también con que hace 35.000 años aparecen por primera vez objetos de carácter utilitario, herramientas, que además son portadoras de mensajes, de signos y símbolos que pertenecen a un grupo. Los primeros objetos simbólicos creados por una mente humana se sitúan, pues, en torno a hace 35.000 años. Y aparecen de forma explosiva, pues antes no hay nada semejante. Esto avalaría la teoría wallaciana de que algo extraordinario ocurrió en el desarrollo de las especies. Sin embargo, el resto de las variables dan razón a Darwin, en cuanto a un desarrollo gradual.

Tenemos el caso de Lucy, un homínido muy parecido a un chimpancé bípedo. Se conservan moldes craneales que reflejan la forma del encéfalo y vemos que no son distintos a los de los chimpancés vivientes. En cuanto a su grado de encefalización, esos antepasados nuestros, pues, están en ese grado evolutivo de los chimpancés vivientes. En algunas cuevas del sur de África se encontraron restos de homínidos asociados a herbívoros (gacelas), y se dedujo que los homínidos habían sido los que habían llevado allí a los herbívoros, con lo que eran capaces de organizarse, abatir presas, transportarlas y compartir el alimento. Y también se han encontrado restos de homínidos acumulados, quizá llevados allí por depredadores, leopardos y otras especies.

Vemos también la utilización de instrumentos de piedra con que se ayudaban para reducir el filo de un objeto. Con ello esos homínidos pudieron acceder a nuevos tipos de alimento, algo imprescindible para la expansión del cerebro. Es la primera vez que aparece la tecnología en la historia humana y a partir de ahí tenemos un desarrollo tecnológico que es propiamente gradual. Así que mientras que en el terreno de los símbolos, asistimos a una explosión, el desarrollo tecnológico se va perfeccionando gradualmente. Aquí podríamos decir que Darwin gana y Wallace pierde.
   

Esos homínidos eran capaces de fabricar instrumentos de piedra muy perfectos. En el sentido morfológico sí asistimos, pues, a un proceso gradual. Desde el punto de vista de la apariencia física, tenemos otro argumento a favor de Darwin.

Y ahora damos un gran salto evolutivo y nos situamos en Atapuerca. Los homínidos encontrados aquí muestran que eran capaces de entender el funcionamiento de los ecosistemas europeos y sus ciclos estacionales, de sobrevivir en lugares en los que ningún otro primate ha podido hacerlo. Existe una complejidad mental que les permite entender cómo funcionan esos ciclos naturales y de ahí pudieron sobrevivir en el continente europeo. El mero hecho de haber podido escapar de África muestra que tenían una mayor capacidad para comprender los fenómenos naturales que los chimpancés, que no han salido de su ambiente tropical. Esto también aboga a favor de Darwin.

También en Atapuerca hemos encontrado al grupo humano, un comportamiento social de tipo moderno. Hay argumentos sólidos a favor de que la biología social de esta especie es una biología social humana. En el resto de especies cercanas a las nuestras no hay grupos sociales como los nuestros, como los gibones, orangutanes, gorilas, por ejemplo. Podemos, pues, constatar la existencia de una biología social hace 400.000 años.

Resumiendo: hemos visto las dos líneas evolutivas en que se produce el aumento del encéfalo. Una de ellas es la de los neanderthales, que desarrollan un gran cerebro, y la otra línea es la nuestra. Los neanderthales que vivieron en nuestro territorio hasta no hace mucho, pueden ser considerados como una especie moderna. Hace menos de 30.000 años los neanderthales tenían una mente instintiva, animal. Hacían fuego, enterraban a sus muertos. Sería la culminación de hasta donde pueden llegar los genes. Sus acciones serían automáticas (también nosotros tenemos automatismos, como conducir, respirar, etc.). Pero cabe preguntarse: los neandertales ¿eran no humanos o humanos distintos?

Fuente: Boletín Informativo nº 322. Fundación Juan March. Juan Luis Arsuaga es codirector del equipo de investigación multidisciplinar de las excavaciones y estudio de los yacimientos pleistocenos de Atapuerca (Burgos), premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1997. Es, además, catedrático de Paleontología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid. En el artículo que sigue analiza la importancia del parto en la especie humana, y la marcha bípeda a lo largo de la historia evolutiva del ser humano.

Bibliografía Sugerida.

Barnett, S. A. y otros. Un siglo después de Darwin. 2 vols. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Obra divulgativa sobre la evolución y el origen del hombre.
Benton, Michael J. Paleontología y evolución. Lleida: Editorial Perfils, 1995. Obra divulgativa sobre la evolución de los vertebrados.
Bernal, J. D. El origen de la vida. Barcelona: Ediciones Destino, 1977. Obra divulgativa; incluye bibliografía y glosario.
Darwin, Charles. Origen de las especies. Madrid: Ediciones Akal, 2ª ed., 1994. Libro donde el autor fundamenta su teoría de la evolución.
Dobzhansky, Theodosius. Evolución. Barcelona: Ediciones Omega, 1988. Revisión de la teoría de la evolución.
Ghiselin, Michael T. El triunfo de Darwin. Madrid: Ediciones Cátedra, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría evolutiva de Darwin.
Gould, Stephen Jay. El pulgar del panda. Barcelona: Ediciones Omega, 1976. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la evolución.
Gould, Stephen Jay. Dientes de gallina y dedos de caballo. Barcelona: Editorial Crítica, 1995. Obra divulgativa de paleontología y evolución.
Gould, Stephen Jay. La sonrisa del flamenco. Barcelona: Editorial Crítica, 1987. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la evolución.
Museo de Ciencias Naturales. Historia de la vida. Madrid: CSIC, 1991. Obra sobre la evolución de los organismos, muy bien ilustrado.
Oparin, A. I. Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid: Editorial Tecnos, 1979. Obra divulgativa clásica sobre los orígenes de la vida.
Reichholf, Josef H. La aparición del hombre. Barcelona: Editorial Crítica, 1994. Origen y evolución del hombre desde las últimas investigaciones en genética.
Ridley, Mark. La evolución y sus problemas. Madrid: Ediciones Pirámide, 1987. Obra sobre las controversias originadas por la teoría evolutiva.
Ruse, Michael. La revolución darwinista. Madrid: Alianza Editorial, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría de la evolución de Darwin.
Weiner, J. S. El hombre: orígenes y evolución. Barcelona: Ediciones Destino, 1980. Obra divulgativa; incluye glosario y bibliografía.
 

 


¿Que sabes sobre los australopitecos?

 

Por: Ferney Yesyd Rodríguez. Fragmento del articulo publicado en Ciencias de los orígenes

Es imposible hablar de la evolución humana sin mencionar a los australopitecos. Estos simios de hace cuatro millones de años caminaron erguidos como nosotros pero mantenían un cerebro de tamaño similar al de los chimpancés. Sin embargo, su postura bípeda fue la chispa que impulsó una serie de cambios evolutivos que sin proponérselo desembocaría en nosotros. Si bien hoy se considera que la marcha en dos pies apareció antes que los australopitecos, quizás hace 7 millones de años con el Sahelantrhopus.

El siguiente taller se propone que los lectores puedan conocer más de cerca a los australopitecos, o para utilizar la imprecisa expresión popular, a "los eslabones perdidos", que ya no están perdidos pues se han encontrado varios de ellos en aras de comprender nuestros orígenes.

Lee con atención el siguiente texto:

Solo hasta 1925 se descubrió el primer fósil de un australopiteco. Este primer fósil consistía en el cráneo de un infante que mostraba un rostro y dentadura simiesca, pero el molde del cerebro le mostró a Raymond Dart, su descubridor que no era un simple simio, y que su encéfalo tenía rasgos anatómicos más cercanos a los nuestros que a los de un simio. Dart decidió bautizar esta nueva especie como Australopithecus africanus (El término australopitheco proviene de los términos griegos Austral = Del sur y Pithecus = simio) El fósil descrito por Dart se conoce como el Niño de Taung, nombre de la región minera sudafricana de la que le llevaron el fósil. Sin embargo, el descubrimiento de Dart no fue acogido por la comunidad científica de su época ya que esta consideraba que la evolución de un cerebro grande fue la característica que propulsó la evolución del hombre. Los colegas de Dart daban más importancia a fósiles más recientes y de gran cerebro como el Homo erectus de Asia. Nuevos descubrimientos en África probarían que la postura bípeda precedió a la evolución de un cerebro grande y que estos "chimpancés de andar humano" tenían un lugar en nuestro árbol genealógico.

Australopithecus quiere decir:

Fósil de mono.

Mono del Sur.

Simio australiano.

Eslabón perdido.

El término "fósil" hace referencia exactamente a:

Cualquier roca prehistórica.

Los restos de animales prehistóricos.

Restos preservados de un organismo, o huellas de su actividad, provenientes de miles a millones de años.

Un ser vivo primitivo.

El mérito de Raymond Dart, descubridor de "el niño de Taung", fue

Ser el primero en afirmar que venimos del mono.

Reconocer el fósil de Taung como un primate más próximo a los humanos que a los monos antropomorfos (chimpancés, gorilas y orangutanes)

Descubrir un cerebro humano en un cráneo de chimpancé.

Afirmar que los australopitecos tenían cerebros de tamaño similar a los de los humanos.

El descubrimiento de los australopitecos supuso una "revolución científica" porque:

No se esperaba encontrar fósiles de homínidos tan antiguos

Un aumento en el tamaño del cerebro dejaba de ser " lo que nos hizo humanos"

El eslabón perdido era bípedo y no inteligente

La cuna de la humanidad estaba en África y no en Asia

Son correctas: A. 1 y 2 son correctas. B. 2 y 4 son correctas. C. 3 y 4 son correctas. D. Todas son correctas.

Los A. africanus habitaron principalmente el sur de África.

La especie A. bahrelgahzali fue hallado al oriente de África.

Los australopitecos habitaron el continente africano.

Los restos fósiles de los parántropos han sido hallados en África.

Los partes de un australopiteco (al igual que para todos los vertebrados) que mejor fosilizan son sus partes óseas y sus dientes. Aparte de estos se han hallado pisadas fósiles y el molde del cerebro formado dentro de un cráneo, en el caso del niño de Taung. Dado que los paleontólogos tienen que vérselas principalmente con huesos y dientes es importante que recordemos un poco de la anatomía ósea del cráneo. En la próxima ilustración verás el cráneo de un Australopithecus afarensis y el de un humano moderno, consulta los nombres de las estructuras señaladas mientras respondes las siguientes preguntas

Los dientes incisivos, caninos, premolares y molares están señalados respectivamente con los números:

Los restos óseos de los fósiles le permiten al paleontólogo saber que tipo de vida llevaba el animal en vida, su tipo de alimentación y forma de desplazamiento. Para esto último hay pistas en la anatomía del animal, no solo en sus piernas, sino también en su cadera, columna vertebral y en su cráneo. Observa y analiza con atención la siguiente imagen y responde la siguiente pregunta.

¿Qué característica craneal nos indica la postura en la que camina un simio?

La posición del foramen mágnum, el agujero por el cual sale la médula espinal, pues la orientación hacía atrás del foramen mágnum de los chimpancés indica que estos son cuadrúpedos y la orientación hacía abajo del foramen mágnum de los australopitecinos indica que estos simios eran bípedos.

Ninguna. Ya que esto solo se puede analizar conociendo el esqueleto de la extremidad inferior.

Ninguna. Ya que la postura de un vertebrado extinto solo se puede saber teniendo el esqueleto completo.

El tamaño del canino. Ya que los primates bípedos tienen caninos pequeños, y los primates cuadrúpedos tienen caninos grandes.

Un cambio significativo en la evolución humana fue la disposición de los dientes en la mandíbula. Observa con atención la siguiente imagen.

Ahora lee con atención las siguientes conclusiones:

En los grandes simios, como el chimpancé y el gorila, la serie de dientes premolares y molares del maxilar superior son paralelos,

En los humanos la serie de dientes premolares y molares del maxilar superior es parabólica.

En los australopitecos la serie de dientes premolares y molares del maxilar superior es intermedia entre la del chimpancé y el humano moderno.

Todas son verdaderas

Al observar la gráfica también se hace evidente que:

El tamaño del canino es mayor en el humano moderno que en el Pan troglodytes (Chimpancé)

En los australopitecos el tamaño del canino se había reducido.

El canino de los australopitecos tenía forma cónica como en los chimpancés.

El canino de los chimpancés es de forma espatulaza (similar a una espátula) al igual que el de los australopitecos.

Cuando nuestros antepasados pasaron de caminar en cuatro a patas a solo dos se dieron cambios en la forma de sus caderas. Así pues podemos ver en la actualidad que cuando el hombre camina transmite el peso del cuerpo por la columna vertebral al sacro y de allí a los coxales hasta las cabezas de los dos fémures (Ubique los huesos en la gráfica inmediatamente en seguida) Para disminuir la tensión producida en la barra ósea que va desde la articulación sacroilíaca a la coxofemoral el proceso evolutivo ha acercado las dos articulaciones. Observa y analiza la siguiente gráfica que muestra las caderas de Australopithecus africanus, Australopithecus afarensis, del chimpancé y de los humanos actuales.

Según esta información se puede decir correctamente que

La cadera de los australopitecinos es más parecida a la de los humanos, que a la de los chimpancés.

El acercamiento de la articulación sacroilíaca y coxofemoral en los australopitecos indican que ellos eran bípedos.

Los australopitecos eran tan solo chimpancés.

El desplazamiento de los australopitecos era similar al de los chimpancés.

Son correctas: A. 1 & 2. B. 2 & 3. C. 1 & 4. D. 2 & 4.

El esqueleto postcraneal de los australopitecos nos ayuda a entender como se desplazaban estos primates. Observa con atención la siguiente imagen y responde

Teniendo en cuenta la imagen se puede concluir correctamente todo excepto que:

En los primates cuadrúpedos como los chimpancés el fémur forma un ángulo de 90º con la superficie articular de la tibia.

Los australopitecos tienen el ángulo formado por el fémur con la superficie articular de la tibia más cerrado. Similar a nosotros.

En los primates bípedos el ángulo formado por el fémur con la superficie articular de la tibia es inferior a 90º.

La forma de la cadera del chimpancé es similar a la del humano.

Los creacionistas afirman que los australopitecos son tan solo simios, no muy diferentes a los chimpancés de hoy. Según las cuatro gráficas anteriores se les puede responder a los creacionistas que:

Si bien los australopitecos y chimpancés tienen un tamaño de cerebro similar varían considerablemente en varios aspectos de la morfología del cráneo.

La postura en la que caminaban los australopitecos es con toda probabilidad bípeda, lo cual los acerca más a nosotros.

La forma de los caninos de los australopitecos era más similar a la nuestra que a la de los chimpancés.

Todas las anteriores.

Según el gráfico es correcto afirmar que

El Australopithecus ramidus es la especie más reciente de su género.

Más de una especie de homínidos fueron contemporáneas hace 1.8 millones de años.

El Australopithecus africanus es más antiguo que el Australopithecus afarensis

El Australopithecus garhi es la especie que abarca un mayor lapso de tiempo en el registro fósil.

Según la gráfica se puede decir que los australopitecos

Se extinguieron sin dejar descendientes.

Dieron origen a dos linajes: el de humanos y el de los parántropos.

Perduraron hasta el Pleistoceno.

Se extinguieron iniciando el Plioceno.

Si pudieras viajar en una maquina del tiempo al África de hace 2'800.000 años probablemente podrías encontrar

Solo especies de parántropos.

La primera especie del género humano, los últimos australopitecos y las primeras especies de parántropos.

La especie humana moderna.

Al Australopithecus anamensis

Lee con atención el siguiente texto:

Hace cerca de 2,8 millones de años, el planeta Tierra contaba con un único casquete polar, el antártico. Pero a partir de ese momento, se produjo un incremento de la inestabilidad climática que determinó un enfriamiento paulatino en el hemisferio norte. Hace alrededor de los 2,4 millones de años hubo una crisis climática global asociada a la aparición de un segundo casquete polar, el ártico.

Este cambio climático produjo un gradual enfriamiento y aridificación de los ecosistemas africanos y pudo ser el responsable de la desaparición de Australopithecus africanus, a la vez que propició la selección de nuevas formas de homínido. Situaciones similares, cambios ambientales que eliminan a unas especies pero favorecen la aparición de otras nuevas, salpican la historia de la vida en nuestro planeta, y es cuestión de azar el encontrarse entre los beneficiarios o entre los damnificados de tales acontecimientos.

Los dos nuevos tipos de homínidos que surgieron de la crisis de finales del Plioceno, convivieron durante más de un millón y medio de años a lo largo del este de África. Hoy día sus fósiles se encuentran diseminados en una vasta región que se extiende desde Etiopía hasta Sudáfrica. Pero ni su modo de vida, ni sus adaptaciones, ni su destino fueron los mismos. Una de estas formas fue la representada por los parántropos y la otra fue la de los humanos.

Los parántropos fueron un tipo de homínido especializado en el consumo de productos vegetales coriáceos, propios de los medios abiertos y secos. Como consecuencia de esta adaptación alimentaria, sus aparatos masticadores se vieron modificados para realizar intensos esfuerzos masticatorios. Entre estas modificaciones destacan el aumento de tamaño de la superficie masticatoria de los molares y premolares, en relación a su peso corporal (técnicamente, megadoncia) Además, sus molares presentaban una gruesa capa de esmalte, sus mandíbulas eran espesas, muy anchas y altas, y sus caras anchas, largas y planas. Aparte de esta marcada especialización en el aparato masticador, los parántropos no mostraban diferencias significativas con los australopitecos, más antiguos y primitivos, ni en el tamaño del cuerpo ni, posiblemente, en el tamaño del cerebro.

Este tipo de homínido tuvo un relativo éxito adaptativo y a partir de la especie primigenia (Paranthropus aethiopicus ) aparecieron dos nuevas especies: Paranthropus robustus y Paranthropus boisei, el más especializado de los parátropos. Como consecuencia de su éxito adaptativo, los parátropos fueron capaces de desbordar su región de origen (el este de África) y se extendieron hasta el sur del continente. (Fragmento de "Claves de la evolución humana" de Juan Luis Arsuaga)

La gráfica que expone de forma correcta la aparición de los parántropos y humanos es

Hace 2.500.000 había sobre la Tierra:

Parántropos y humanos.

Solo el ártico como casquete polar.

Solo el antártico como casquete polar.

Dos casquetes polares.

Según la descripción que el texto hace de los parántropos el cráneo que corresponde a uno de estos es:

Según la lectura se puede inferir que:

La evolución humana fue un proceso dirigido que tenía con fin último desembocar en la aparición del hombre moderno.

Las crisis climáticas han "jalonado" la historia evolutiva de los homínidos.

El cambio climático que tuvo lugar entre hace 2,8 y 2,4 millones de años no alteró el curso evolutivo de los homínidos.

Los parántropos se adaptaron a los ambientes residuales de bosques húmedos con abundantes frutas.

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